Jaque a la dama

Este sitio de mierda ya no es el mismo», dijo, escupiendo las palabras como un pesado buche de saliva, cuando vio el barrio donde se había criado, después de haber estado sepultado cinco años en prisión.
Con la mano derecha en el bolsillo y la izquierda sobre el mentón, lo vimos dar media vuelta y pasear una última mi-rada, lenta y amarga, como si la disparara desde la hiel, por las casitas solitarias donde el cartón había perdido el color como cabellos de ancianos o como si en ella guardara todo el rencor acumulado durante cinco largos años de silencio.

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