La Mejiquita

No sé cuánto nos tomó acabar La Mejiquita. Al principio saboreábamos cada palabra, pero después de varios miércoles, la historia pasó a un segundo plano. Intenté con Yuri una relación que de antemano sabía fracasada. Por eso al finalizar el libro se acabó todo. Era lógico que al llegar ahí, todos mis personajes desaparecieran, para no condenarlos a algo peor (excepto Vander que, aunque a la distancia, aparece de vez en cuando).
Imagino que Alessa volvió a México, y Yuri a pintar las tardes con sus ojos marrones. Fue difícil dejarlos a todos. Lo pensé por horas. Soy de esas personas que cuando halamos un hilo del pensamiento, no lo cortamos por nada, de lo contrario se nos hace imposible volver a unirlo. Pero estaba resuelto. Inventé mil excusas, como si las necesitaran. Traté de explicarles mi ausencia, y que la idea de perderlos me hacía temblar. De nuevo la vida había borrado los sueños que yo quería vivir. Así que corriéndole a otro fracaso, desistí, y de nuevo caí en la rutina de salir del trabajo y sumergirme en mis libros.

El final de un libro es una puerta siempre abierta al paraíso, pero hay que llegar hasta allí para descubrirla. Con este pensamiento duré meses “tirando páginas pa ́ la izquierda, hasta que resignado al fracaso, lo condené a la eternidad de mi nuevo cielo.

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